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GENERALIDADES SOBRE EL
GÉNERO EPISTOLAR
El género epistolar permite una gran libertad formal y no
existen rigurosos tratados que lo limiten: su carácter de
comunicación personal es su mejor rasgo definitorio. Se trata
de un género usado profusamente por escritores, que ha aportado
grandes y pequeñas joyas literarias, y cuyos orígenes se
remontan a
la antigüedad. Tanto
en prosa como en poética, los romanos produjeron innumerables
obras epistolares, y Cicerón,
Séneca y Horacio, entre otros, le dieron un impulso
decisivo, plasmando sus inquietudes en epístolas. A lo largo de
la historia de la literatura, autores como Petrarca, Becquer,
Proust, Kafka o García
Lorca, entre otros muchos, han
expresado sus vivencias, y sus más íntimos pensamientos, a
través de cartas.
Rainer Maria Rilke fue uno de los más prolíficos
escritores epistolares y una amplia correspondencia forma
parte de su obra. “Cartas a un joven poeta” es una
recopilación de las bellísimas misivas
que Rilke dedicó a Franz
Xaver Kappus entre 1903 y 1908. Son cartas que ahondan en
reflexiones en las que Rilke transmite a Kappus su particular
visión de cuestiones como Dios,
la mujer, la duda o lo
espiritual y lo físico. De particular belleza es la carta que
dirige Rilke a Kappus en 1903 en la que, en este fragmento,
le recomienda atenerse a la naturaleza:
“Aquí,
circundado por dilatadas tierras hasta donde llegan los vientos
marinos, siento que sobre esos problemas y sentimientos que, en
su trasfondo tienen una vida propia, nadie puede contestarle a
usted, pues hasta los mejores no aciertan con las palabras,
cuando tienen que expresar lo más sutil, lo más indecible. No
obstante, creo que sus preguntas no han de quedar sin solución,
si se atiene a cosas semejantes a estas en las que ahora recreo
mis ojos. Si usted se une a la naturaleza, a lo que hay de
simple en ella, a lo pequeño, a aquello que es apenas visible y
que, de pronto, puede llegar a ser hasta inconmensurable; si
usted siente ese amor por lo insignificante y, con toda llaneza,
humildemente, trata de ganar la confianza de aquello que parece
pobre: todo entonces le parecerá entonces más fácil, más
armonioso y, en cierto modo, más conciliable”.
Amelia acebedo
Una carta, como veíamos en el Comentario de la lectura,
es una mezcla equilibrada de exposición personal y fórmulas.
Como todo acto social -y la carta lo es- está sujeto a ciertas
reglas. Exponemos, a continuación, algunas.
Ø
El sobre debe llevar la dirección claramente escrita, sin ocupar nunca
la totalidad del espacio.
Ø
Se escribe casi solamente en el cuarto inferior derecho del sobre.
Ø
No debe olvidarse el remite.
Ø
La presentación de la carta dice mucho de quien
la escribe. Se
debe dejar espacio por los cuatro costados, más por el superior
y el izquierdo. Se debe escribir en papel sin rayar.
Ø
No deben olvidarse las partes de una carta: lugar y fecha, destinatario,
encabezamiento, contenido y despedida.
Ø
El encabezamiento va separado del contenido por dos puntos y en el centro
de su línea. Justo después de esos dos puntos, debe escribirse
en mayúsculas
En cuanto a las despedidas frecuentes, las hay de
distintos tonos:
Ø
Familiares o amistosas:
Muchos besos…
Un abrazo muy fuerte…
Un cariñoso saludo…
Siempre tuyo…
Ø
De cortesía:
Queda de usted affmo. (afectísimo)…
Le saluda atentamente su affmo. s.s.q.e.s.m. (su afectísimo seguro
servidor que estrecha su mano)…
Me reitero de Ud. s.s.s
Aprovecho esta ocasión para testimoniarle mi consideración más
distinguida…
Atentamente le saluda…
Sin más por el momento, le envía sus saludos…
Le saluda y e.s.m. (estrecha su mano)
Otro recurso literario ampliamente utilizado por el autor
es el diario personal, donde los personajes vuelcan sus
vivencias cotidianas mezclándolas con pensamientos y emociones.
Todos estos cauces narrativos impregnan la historia, terrorífica
e increíble, de su verosimilitud.
Parece que la
popularización del uso del correo electrónico ha sido el mejor
paliativo al abandono de la práctica del carteo,
arrinconada socialmente en las últimas décadas.
Internet abre nuevos caminos al género epistolar y, sin
embargo, el correo electrónico, como todos los avances tecnológicos,
suscita controversia. Algunos escritores ya han manifestado públicamente
su rechazo a identificarse con la legión de internautas que
escriben correos diariamente.
Juan Gustavo Cobo Borda definía recientemente los
motivos de su desapego a
esta nueva fórmula con estas palabras:
“Seguiré
escribiendo a mano, me gusta hacerlo en papeles antiguos,
artesanales, con fragancias a naturaleza. Me gusta que las
cartas envejezcan cogidas por las manos, que se arruguen, se
marchiten, se manchen, como síntomas de que el corazón no
tiene realidades virtuales. No me da pena declararme cursi”.
Ante la pérdida de algunos elementos personales y artísticos en la
correspondencia a través del correo electrónico, esta nueva fórmula
facilita la inmediatez de la correspondencia y permite el carteo
múltiple que, hasta el momento, resultaba irrealizable.
Otros nuevos
recursos, como la posibilidad de adjuntar archivos anexos con
textos o imágenes, abren
también nuevas posibilidades a
la correspondencia. El
correo electrónico no es un elemento aislado en la red sino que
ha nacido unido al amplio abanico cultural e informativo que
Internet pone al alcance de todos los internautas.
Desde tales perspectivas, las directoras de
la esta Sección
del <EPISTOLARIO> recorrerán los distintos modos que
pueden adoptar las cartas: desde los más arcaicos hasta los más
actuales, pasando por aquellos requisitos de “carta de pésame”,
de “invitación”,
de simple comunicación o de tono ciertamente intimistas,
dejando al final de esas cartas cruzadas algunas aclaraciones
sobre usos sociales o sobre la intención de la remitente.
E invitamos a quienes nos lean a enviarnos sus cartas más
curiosas o sus sugerencias y observaciones sobre el género.
Andrea y MªÁngeles
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