El Embalse de Linares
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EMBALSE DE LINARES (1)
¡Cuánta desolación ya desde la primera curva que le anuncia en el sinuoso curso del río! Hasta los chopos centenarios se van rindiendo, en las falsas orillas que bordean la carretera que sale de Ayllón, camino de Soria, para llegar por estribor a Maderuelo (2) y divisar, en la última curva, la silueta del puente nuevo, el cual hace pequeño e indefenso el otro, con ojos de medievo, que asoma en la adustez de la arrugada tierra: cuajadas formas deformadas que aúllan en los picos indelebles de una búsqueda total de serenidad. Dicen que es el día el que adormece las sombras, que el silencio desbarata el aleteo de las hojas en las copas cuando se mira sin ver, que apenas es irrespirable la muerte que se adivina…, pero siento, esta tarde, un aire vivo que habita por momentos la apatía de las horas donde el lodo parece investigar el fondo... buscando. Reír, llorar, ser... en la lejanía, mas sólo percibo en ese paisaje un rostro de anciano envejecido repentinamente con las entrañas embarradas de nostalgia de tiempos mejores… A golpe de respiración entrecortada, un imaginario ahogo falto de agua sube y baja mis pensamientos (sin marea posible), abarcando, en cada partícula invisible, restos de emociones cruzadas. Ni el cielo azul blanquecino, ni el rosa aventurado que se perfila en el horizonte, arrancan de mí esas formas que, también, yo busco. Y trae esta tarde arropadas las sombras de las paredes enterradas, donde se adivina un rumor incesante de copas con su sonido incestuoso, acompañando el cotidiano vivir que ya no existe aquí abajo… con todos los gozos y los llantos dormidos para siempre… Hoy amarillea la arena rojiza que hacía de sus aguas fondo arcilloso. Todo el verde ha desaparecido dejando paso al blanco calizo de sus laderas. ¡Cuánta piedra desnuda saluda al sol inmisericorde!, parece que, de un momento a otro, las casas sepultadas por las aguas durante décadas, comiencen a tomar vida, y los tejados invisibles se tiznen, de nuevo, de brillos y humeantes chimeneas, o el sueño de un prado amplio y goteado de rocío regrese a la memoria olvidada de ojos sangrantes en sepia… como si su mirada pudiera convertir el carbón de la puntas de los dedos en las estalactitas que escriben de nuevo las orillas semiperdidas y sus uñas arañaran, con la inconsciencia, los tejados silenciosos que pintan los deseos. Desde el puente nuevo, todo es falsa altura sin sus aguas multitudinarias en tiempos de aridez absoluta, derramándose el río Riaza en doloroso parto, casi convertido en fuente seca. Y aquí, el tiempo pulula incesante cuán motas de polvo, híbridas y flotantes, donde un horizonte de ojos rayados, casi de movimiento enfermizo, esconde miradas en un fondo todavía por descubrir: un perecedero sentimiento que pretende ser imperecedero, colgándose férreo a las lianas de una hondura infinita. Sé que avanzarán las miradas arqueológicas y curiosas por el adobe antiguo de muros y dinteles, por el ojo semiabierto desde el que se asoman dovelas viejas, y preguntarán a las voces que aún quedan desperdigadas en otras tierras cómo eran los recovecos pueblo anegados por las aguas, ahora gran parte de ellas evaporadas sin consideración. El calendario seco se apoderó del paisaje, y Maderuelo, el pueblo que siempre lo miró desde sus perfiles de inmenso barco, parece ahora encallado en una tierra cuarteada y sin futuro. Y siento, al fin, que lo que ven mis ojos sea la exhumación de todo un pueblo bajo la atenta mirada de la Virgen de Castroboda que, con nostalgia, se asoma desde lo alto estirando inútilmente sus manos mientras acaricia, con dedos atardecidos, la Ermita de la Vera Cruz (3): románico ausente de húmedas marcas en sus paredes y que guarda para siempre en sus frescos el secreto de los habitantes de Linares. Rosa M. Arroyo (Agosto 2006)
(1) - El embalse recoge el testigo de su nombre del pueblo segoviano de Linares del Arroyo, desaparecido, a causa de las aguas, en el año 1952 (en este pueblo vivían 120 vecinos, 60 de los cuales se trasladaron a vivir a La Vid, y el resto se repartieron entre Aranda de Duero, Madrid y Valladolid). (2) - Villa edificada sobre un alargado espolón rocoso, que domina los meandros del Riaza en su descenso hacia el Duero. Su origen se remonta al siglo X, cuando formó parte de la primera línea defensiva de la margen izquierda del éste río. (3) - Iglesia románica con base mozárabe, que data de finales del siglo XI y principios del XII.
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