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| En un Lugar de mi ciudad |
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EN UN LUGAR DE MI CIUDAD… Es domingo… Tengo una cita ineludible. Amanece entre volutas de niebla. Me gusta sentir el día desperezarse entre algodones e ir descubriendo las sombras de mi ciudad. Disfruto beber la soledad del asfalto. Las calles silencian los vahos de la noche; no hay rastro de humanidad. Sólo tú y yo en busca de un café; humo entre nuestras palabras cortadas en leche y mermelada. Susurros en mis manos de tinta y papel. Efemérides, esquelas y natalicios. Tiempo robado a nuestras horas, voces secretas que narran nuestras ausencias. La luz se hace hueco en medio de la nube, a veces tan gris como la vida. Coloreamos historias, amamos los vacíos, anhelamos los recuerdos. Hablamos y hablamos, diálogo que vomita nuestra esencia de seres en un planeta convulso de arenisca y cal. Te escucho, me sientes, en medio de un mundo cada vez más sordo y opaco. Después… Caminamos firmes hacia un lugar dibujado en un mapa invisible; nuestras miradas se encienden igual que los farolillos en una verbena estival. Sinfonía frutal, coral de aromas, nuestra risa fluye. Torrentes que manan coloridas mezclas, racimos de texturas en nuestros dedos. El sol aprieta en esta mañana dominical mientras los minutos nos rocían de alegre folclore. Los puestecillos surgen y bailan entre los caminos recién sembrados; nos miramos, comentamos, jaleamos el diálogo en sus gestos más profundos, en letras sin dueño. África, payos y calés nos fundimos en trueques improvisados licuando sensaciones pigmentadas en querencias. Observo en silencio, mamo el ambiente engrandecido por la hora que repica mientras que por mi cestillo de mimbre asoma la planta en flor, la acelga recién cortada, el pañuelo primaveral. Ya es tarde… Debemos separar nuestros pasos con el cargamento de virutas de miel. Atrás queda ese lugar mágico donde retozamos anhelos nimios y el calor de la amistad. Mañana será lunes y pronto volverá a ser domingo en el mercadillo de mi ciudad.
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