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LUGARES EN EL RECUERDO

Desde el sendero implacable de tu risa se desmorona
el tiempo en que te ansío con mis manos
resquebrajadas de sostener un invisible. Se ha
despertado el día y la congoja del ser aparece
aporreando la puerta de la inmisericordia. Me agarra
de los hombros y me empuja, una y otra vez, frente al
muro de insumisión que creé a base de encierro. Me he
perdido algo y no sé el qué; la vida me susurra que
ella ha transcurrido sin mi aprobación, sin mi deseo,
a veces, siquiera, sin mi agonía.
Innumerables veces acudo a mi destino, unas con
soberbia, y otras implorando a gritos una verdad que
me cure del fantasma del hastío. No hay nada más allá
del ser que represente algún misterio. Todos ellos se
encuentran esperando el momento perfecto para
redescubrirse, para salir a la luz del sol y, aún
así, hoy, como cualquier otro día en que lo sé, me
pierdo en complejos absurdos desflorando la
margarita. Si he perdido otra vez, lo habré ganado a
pulso. Si apostaron por mí y defraudé, tal vez
poseían demasiadas expectativas en un corazón, harto
ya de sucesos inacabados. Pierdo de nuevo y vuelvo a
abrirme al mundo, mi alma no entiende de límites.
Todos ellos se encuentran en mi pensamiento, formando
barreras que superaré. He gemido de placer, sin
tenerte en exclusiva ni un solo día y soy como
cualquier otro vagabundo: un alma errante que busca
la paz en las noches en vela, la felicidad entre las
esquinas de otro naufragio. El deshielo de mi
corazón, la franqueza del alma, la dicha.
Pero todos esos naufragios, que en sí también llevan
su opuesto, me ofrecen la tempestad, la hoguera del
deseo precipitándose por bravos acantilados que me
recuerdan la perversión que hallo en mi memoria. El
dolor sirviendo de ejemplo, recordándome que la
lección que aún no quiere ser aprendida ni asimilada.
Y yo que necesito aún más tiempo para ser su esclava.
Indiferencia a pensamientos disfrazados. He tenido
cerca el reposo del guerrero y tal vez lo he dejado
para otra ocasión. Entre tanto, creceré entre mis
lágrimas, si me sirven de consuelo, entre alaridos, y
soñaré de nuevo con la puesta de sol mas hermosa que
jamás haya contemplado, porque ardo en deseos de
seguir. Mi batalla es mi camino. Muchas veces podré
perderlo de vista, pero volveré a encontrarlo y se
mostrará radiante ante mí. Me hablará con añoranza de
esos lugares que compartimos, del ayer, de las veces
que en su regazo me sentí eterna y recobraré entonces
la esperanza de futuro. Recordando que para ello solo
existe el ahora.
Alicia Ríos
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