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Caricias por los muelles
esta noche,
mientras las olas de
guardia baten con primor
su costumbre de volcar
agua en espuma.
Un viento salobre de
mariscos y alquitrán,
denuncia al mar su
presencia sempiterna,
ahoga en miedo el beso
por la aurora.
Se dispersan los rumores
en la playa
calzan las nécoras sus
botas de tacones,
los cangrejos con bata
de cola y nube
las estrellas son
campanas de plata y
rumba,
el oro brilla al
contraste del mercado.
¡Quiere fiesta la
Sirena de los sueños!
Viste, hermosa, la luna
de arco iris,
arrancan, al ritmo del
mar, por alegrías
palmas gitanas, tambores
africanos.
De boca en boca,
embriaga, vuela el néctar
que al paladar más fino
satisface.
Una sombra, del sol
enamorada,
llora en el hombro de un
barco pesquero
que la enreda de sal, de
baile y ritmo…
Hasta el alba
inevitable.
19 de marzo de 2005 ©
Óscar Morales
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