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COMO UN
IMÁN
Existe un
imán en el lugar más recóndito
del ser, que inesperadamente,
atrae recuerdos placenteros,
deliciosos, agradables o
nefastos, inoportunos y dañinos.
Irrumpen sin ser llamados,
creando un estado inusitado o
violento.
Así llega el tuyo un día
cualquiera. Eres, la asignatura
pendiente desde hace muchos
años.
Abro la ventana, y un aire
caliente, dulzón y espeso se
cuela.
Imagino, que ese mismo,
allá lejos, es el que en esos
momentos te acaricia los labios;
el aire no tiene fronteras, ni
vallas, es el mismo aire para
todos, más o menos espeso, pero
el mismo.
Y este pensamiento, despierta en
mi un deseo incomprensible de
tenerte cerca, de sentir tu
aliento, notar tus caricias.
Aquellas escasas y esporádicas
de un ayer tan lejano.
No, no estoy enamorada de ti, es
sólo el afán por descubrir tu yo
interior, ese que apenas llegué
a vislumbrar. Pero, no puedo
negar que ejerces una atracción
poderosa, que puedes llegar a
ocupar mis horas, y
deliciosamente mágico,
incomprensiblemente incorrecto,
te posesionas de mi ser y me
empujas a triples saltos
mortales.
Y sigo escalando la montaña,
jugando con recuerdos, más
ilusorios que reales.
Guardo tu mirada en el cofre más
preciado, que destapo en estos
momentos y se columpia
incansable en la puerta trasera
de mi retina.
Años luz de lejanía, de esperas
inútiles; voces calladas desde
el fondo de una pasión
inconsistente y fugaz.
Una simple chocolatina y el
aroma a flores silvestres, ponen
punto final a mi recuerdo y
cierran la ventana.
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