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POEMAS

 

PARA SEGUIR VIVIENDO

 

 

Por Marila

 

 

       

POEMAS

Llueve
 
Noches
 
Eros
 
¡Ay, este otoño!
 
El silencio
 
El aire huele a ti
 
Suspiros
 
Como un imán
 
Aquel amor de siempre
 
Esperando la noche
 

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LLUEVE

Llueve detrás de los cristales, llueve y llueve...

Llueve detrás de las caras maquilladas con coloridas máscaras para el mundo.

La ventisca levanta sentimientos que vuelan de la realidad, a los sueños inconclusos, se golpean unos a otros, apelmazados, hirientes, indisolubles.

Las curiosas ranas, miran con sus ojos saltones el devenir de tanta hojarasca, mientras sigue la lluvia lacrimosa inundando el alma.

Las pupilas emanan sin cesar, formando charcos sobre el pavimento resbaladizo del día a día.

Chapoteo en ellos mis pies descalzos, ávidos por salpicar a mi alrededor parte de los silencios que trajeron tantas tormentas.

Las nubes no se marchan nunca en los días grises, se esfuerzan por ocultar sonrisas que se pierden entre las vueltas de las agujas del reloj, que no marcan ningún momento especial.

El ruido monótono de la lluvia atenúa los suspiros de miles de mariposas escondidas tras la indiferencia.

Llueve detrás de los cristales...

Sigo con el dedo la caída de las lágrimas pegadas al otro lado, y que, poco a poco, en su camino zigzagueante, resbalan lentamente como las horas. Las mismas que pasaron en cientos de días, inundando el alma de inútiles esperas, de sueños devorados por alimañas extendidas por la faz de la esperanza.

Fue un otoño como éste cuando cayeron las últimas hojas de aquel árbol que plantamos juntos.

Hoy sus ramas desnudas, se mecen al vaivén del viento, esperan anhelantes la llegada de otra primavera, rotos los dedos de estrujarse mil veces unos a otros, manos siempre solas, siempre vacías.

Ronca la voz de tanto conversar con a ese jarrón de porcelana, que nunca responde.

Y la rejilla del desagüe no es capaz de tragar tantos desalientos.

Mientras, sigue lloviendo detrás de los cristales...
 

 

NOCHES

Cada noche destapo los inconfesos sueños,
desnudo los deseos
arrancando sus caretas inocentes
para vestirlos con pijamas de lujuria,
abro la caja de caricias reprimidas,
y ellas, juguetonas,
se expanden por los repliegues de mi piel.

El aire huele a soledad,
y el fantasma del hambre
fustiga el sentimiento.
Después...

Sobre la sábana bordada de recuerdos,
y la música de ningún violín,
solos: Yo, y Yo
mañana, volverá a salir el sol
y amanecerá la cruel monotonía.

 

 

EROS

Recuesto mi cabeza sobre tu pecho y tu lengua se multiplica sobre mi piel.

Desde tus ojos a los míos saltan descargas que me provocan un temblor incontrolado.

Me excita ese paseo de tus manos sabedoras de mis rincones ocultos, y después… el galope desenfrenado me anuncia que está cerca la culminación y el éxtasis.

Estallan mil estrellas en dos cuerpos que se cruzan y buscan juntos un vuelo en las alturas.
Entre tu boca y la mía, el aire se hace ausencia, mientras paladean la miel de los deseos.

 

 

¡AY, ESTE OTOÑO!

Viene lastimando este otoño que llega.

Sus cautelosos y deformes días,
llenan las horas de llantos y de sombras,
cubren el ánimo con hojarasca seca
que acumula desganas en mis manos.

Si pudiera escuchar los gritos del silencio,
leer en las miradas perdidas en la nada,
entender la esencia de "los quiero y no puedo"...

Hurga en heridas de ayer y siempre,
por donde escapan las sonrisas rotas
que añoran el fuego de soles estivales

Agazapada, apenas escondida,
me voy dejando llevar por el viento.
Y tengo miedo. ¡Tengo tanto miedo!...
 

 

EL SILENCIO

El silencio se hace decoración habitual en el entorno.

Arañas el aire tratando de apresar una frase para llevarte a tus oídos planos.

Te conformarías, hasta con un sonido gutural que rompiese esa bóveda silente.

Alguien tendría que inventar monólogos satisfactorios; algún mago debería prodigar su magia
y darle voz a los objetos inertes, a ese jarrón de porcelana que nunca responde a tus preguntas,
a ese espejo que permanece indiferente ante tus confidencias o, a esa lámpara de noche, que tantas veces, puso brillo en la sal de tus mejillas y siempre permanece impasible.

El silencio es ese mayordomo que te abre la puerta de tu casa antes de que gires la llave; te sigue al lado de tu sombra y pone alfombra a tus pisadas.

Pero falla… ¿deliberadamente? No se sabe, nunca enmudece ese tic-tac que acelera tu pulso y retrasa el paso de las agujas de un reloj que marca horas huecas.

Hay suspiros caducados adheridos en las paredes, sin melodías, como antiguos y rayados discos de vinilo:
en otro tiempo movieron alas y hoy se oxidan en esperas eternas.

Sólo debajo de alguna hoja suelta de las macetas, quizás, encuentres una sonrisa
perdida, anónima, desconocida, sin marca registrada, que sea capaz de
arrancar una nota al allegro de un violín, y venza al enemigo esa tarde.

Los ojos de un gato bobalicón te miran como si comprendiese algo,
y hasta puede torcer la cabeza en un gesto que parece, sólo parece, decir que entiende lo que te pasa.
No, no creo que entienda que cuando alguien se va, sólo nos queda su silencio
 

 

EL AIRE HUELE A TI

El momento mágico llegaba cada día, cuando los dos, desde la terraza y cogidos por la cintura, mirábamos como el sol se iba ocultando poco a poco, tras aquellas lejanas montañas.

Pintaba rojizo el atardecer, y a nosotros nos despertaba el apetito de besos y caricias.
El aire olía a ti.

Pero tú, ya no estás. 

La casa, con tu ausencia se me hace insufriblemente grande.
Araño la inmensa soledad, tratando de encontrar un resquicio que denote tu presencia.

Pero no estás.
Te fuiste aquella tarde.

Me dijiste adiós y te marchaste con tu mentira, y yo me quedé allí clavado, con el corazón hecho añicos, esperando la hora mágica, que no ha vuelto nunca más.
Quizás me la robaste, o los duendes de la magia se fueron tras de ti.

Yo también me hubiera ido.
Pero, quedé inerte cuándo dijiste adiós, y mientras cerrabas la puerta me concedías por última vez el paréntesis de tu sonrisa.

El aire sigue oliendo a ti.

Los dos luceros, aquellos tus amados ojos que iluminaban mis noches, ya no me miran, y yo los sigo viendo en cada rincón, en cada pared vacía de tú presencia, mientras vago a oscuras desmenuzando los segundos de un reloj que marca un tiempo que ya no importa.

Descalzo de esperanzas, recurro iluso a la hipótesis de que todo sea una horrible pesadilla, que en cualquier momento: la puerta se abra y entres tú.

Pero la realidad, la cruenta realidad clava su espada, acuchilla mi alma y aplasta mis sentimientos.

El corazón protesta y la sangre se hiela en las venas, negándose a seguir su camino.

Son horas eternas, de eternas noches, de eternos días, cuando te busco inútilmente, cuando deambulo de un lado a otro sin saber que hacer para que vuelvas, cuando los cristales de la terraza lloran acompañando mi llanto.

¡Estoy tan cansado de no tenerte que dejaría de respirar si no fuera, porque!...
El aire aún huele a ti.

 

SUSPIROS


Se deslizan suavemente, como queriendo acaparar todo el silencio de la noche,
de una noche larga y estéril que pasa dejando cercos violetas en la mirada.

Lastiman las voces demasiado cercas de cada segundo, que han ido pegándose
a la piel, haciendo surcos concéntricos que rebosan al llegar el alba.

El vientre, a pesar de tantos años vacío, aún conserva el sabor dulce de las nanas.

Duérmete mi niño, duerme.

Que viene la vida arrastrando sus miserias, y no entiende de niños grandes,
ni de ojos llenos de esperanzas, que no sabe de pellizcos en el alma, ni de golpes a destiempo.

Duérmete mi niño, duerme.
 

 

COMO UN IMÁN

Existe un imán en el lugar más recóndito del ser, que  inesperadamente, atrae recuerdos placenteros, deliciosos, agradables o nefastos, inoportunos y dañinos.

Irrumpen sin ser llamados, creando un estado inusitado o violento.

Así llega el tuyo un día cualquiera. Eres, la asignatura pendiente desde hace muchos años.

Abro la ventana, y un aire caliente, dulzón y espeso se cuela.

Imagino, que ese mismo, allá lejos, es el que en esos momentos te acaricia los labios; el aire no tiene fronteras, ni vallas, es el mismo aire para todos, más o menos espeso, pero el mismo.

Y este pensamiento, despierta en mi un deseo incomprensible de tenerte cerca, de sentir tu aliento, notar tus caricias. Aquellas escasas y esporádicas de un ayer tan lejano.

No, no estoy enamorada de ti, es sólo el afán por descubrir tu yo interior, ese que apenas llegué a vislumbrar. Pero, no puedo negar que ejerces una atracción poderosa, que puedes llegar a ocupar mis horas, y deliciosamente mágico, incomprensiblemente incorrecto, te posesionas de mi ser y me empujas a triples saltos mortales.

Y sigo escalando la montaña, jugando con recuerdos, más ilusorios que reales.

Guardo tu mirada en el cofre más preciado, que destapo en estos momentos y se columpia incansable en la puerta trasera de mi retina.

Años luz de lejanía, de esperas inútiles; voces calladas desde el fondo de una pasión inconsistente y fugaz.

Una simple chocolatina y el aroma a flores silvestres, ponen punto final a mi recuerdo y cierran la ventana.
 

 

AQUEL AMOR DE SIEMPRE

Llegó, llegó con la incipiente primavera invadiendo mis jardines.

Me puso un sol en las pupilas y me llenó la mirada con miles de estrellas que hacían chiribitas.

En mis oídos fueron sus palabras, melodías de mágicos violines; entonces sentí un hormigueo burbujeante subiendo por mis venas.

Noté su aliento quemándome la boca cuando sus labios se aproximaban.

Quise decir, NO, pero guardé silencio y mis ojos le invitaron a seguir.
No, no era momento de reflexiones, de medir circunstancias personales, era, después de toda una vida soñando, amordazando sentimientos, el principio y fin de mis anhelos.

Eran dos almas que se encontraban a través de los años.

Cada botón desabrochado arrancaba un suspiro contenido, y después, sus manos exploraron uno por uno los rincones de mi cuerpo.

Sentí su pasión desbordarse en mis entrañas, y fuimos, en el ocaso de nuestras vidas, aquellos dos adolescentes quinceañeros que apenas se rozaban las manos.

Cuando exhaustos y rendidos nos miramos a los ojos, volvimos a reencontrarnos. Yo supe que él también me había amado siempre.

¿Qué importaba el mañana?

Yo, volvería al despacho con mi traje de chaqueta, mi peinado recompuesto y el maquillaje retocado, él, buscaría una disculpa para justificar su ausencia.

Mañana todo seguirá como siempre, pero este instante nadie podrá arrebatármelo nunca; el mundo se ha detenido, no importa nada del alrededor, no existe nadie más que nosotros dos.

Y en este momento, él, es sólo mío.
 

 

ESPERANDO LA NOCHE

Se diluyen las últimas luces del ocaso.
Torpes manos queriendo detener el día,
intentando apresar un resto de sol que amarrar en sus pupilas,
pero el astro rey va desapareciendo lentamente,
indiferente a la oscuridad que se aproxima.

Nadie le detuvo nunca,
nadie le robó jamás un rayo,
nadie pudo retener una pizca de su luz y guardarla para sí,

¡Es una batalla perdida!

Las sombras van invadiendo el entorno,
tejen su inmenso manto cubriendo los deseos,
arropando sueños y quimeras.
Y cuando llegue la noche…
sabrá que para él, no habrá un nuevo amanecer.
 

 

 

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