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Luis
A. Alcocer
(Historia Clínica) Madrid
(España)
El
mundo y Don Santiago Bernabéu me vieron
amanecer en Madrid, allá por las décadas de
los cuarenta/cincuenta. Aunque esa fecha es
sumamente engañosa ya que no parece que mi
edad exceda de treinta años, sobre todo
cuando llevo corbatas nuevas y mi migraña
está de vacaciones. Sólo en condiciones muy
desfavorables puedo llegar a aparentar
cuarenta y uno o cuarenta y dos años. No
mido 1,90 y no tengo los ojos azules.
He trabajado, es un decir, como
consultor en una multinacional que suponía,
erróneamente, que yo sabía algo de
organización y de informática. Debido a
dicho trabajo he andado por mundos de Europa,
América del Sur y África, lo cual dice
mucho a mi favor ya que odio salir de mi hábitat
natural. Ahora, según me cuentan, soy un
“free lance”, cuyo significado y deberes
desconozco.
Aprendí
a leer y escribir a los tres años. Mi
presunta vena literaria comenzó leyendo
tebeos de Flash Gordon, Rip Kirby, La
Codorniz y el Pulgarcito. De ahí pasé, más
o menos a los cinco años de edad, a “Un
mundo feliz” de Huxley y
a “Justine o las desventuras de la
virtud” del Marqués ilustre (novela más
que recomendable). Los psiquiatras no se
ponen de acuerdo sobre si mi desequilibrio
emocional proviene de esa época.
Creo
que tengo escritos más de mil poemas y unas
trescientas
narraciones breves; me considero
absolutamente incapacitado para escribir una
novela.
Mi
primer cuento apareció en “Diálogo”, año
1963, era una revista literaria editada en la
Facultad de Ciencias Económicas. Sólo se
publicó un número, después fue censurada
de por vida. En el año 69 fui segundo en un
concurso internacional de cuentos. Después,
finalista del premio “Jauja”, finalista
del premio del diario “Arriba”..., para
que aburrir: sempiterno finalista de
concursos de poesía y cuentos. Mis textos
aparecieron en algunos periódicos y
revistas.
En
vista de mis éxitos, decidí no participar
en ningún concurso más durante treinta años.
Cosa que hice y comprobé que los resultados
eran casi idénticos a los obtenidos cuando
me presentaba.
Volví
a la carga concursante en el 2003 con un
relativo “éxito”: Ganador del Premio de
Poesía del diario El Mundo; Premio “Rafael
Alberti” de poesía; Premio Leopoldo Alas
“Clarín” de cuentos y varias cosillas de
menor enjundia... El resultado: tengo la casa
llena de “trofeos”, diplomas y pergaminos
y mi cuenta corriente igual de escuálida que
antes de concursar.
Estoy
casado y divorciado varias veces..., de
hecho, mis cosas las escribo entre boda y
boda.
Me
gusta leer, la música sinfónica y de cámara,
las canciones italianas de los años sesenta,
las señoras de buen ver (o de mal, da
igual), la buena educación y, por encima de
todo, amo profundamente al Real Madrid, a mis
hijos y a los hijos de mis hijos (no sé cual
es el orden).
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