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Lola
Díaz Ambrona
(Lola Tequila)

Lola
Díaz Ambrona gusta
de andar despacio para no espantar recuerdos.
A
menudo, en cuanto se echan los últimos
fríos de Enero, allá por los pagos gallegos
donde habita, suele
detenerse junto a cualquier caminante que
huela a tierra extremeña para preguntarle
que si ya han florecido las jaras en los
campos de su niñez.
Entonces, el caminante,
con su sabiduría celta, le responde con otra pregunta:
¿Quién
eres tú que tanto quiere saber?
Y
ella, como si en su maleta se hubiera
traído la lección de su infancia bien
aprendida, responde:
Madurando el membrillo, un 24 de septiembre,
nací en la Calle de la Sal, en Badajoz.
Cinco hermanos me precedían, por lo que el
camino estaba harto expedito. Llegué sin
mayor dificultad y seguí abriendo camino
para los dos que aún estarían por venir.
A
los diez meses, y como ya no cabíamos en
casa, nos mudamos a la Plaza de España.
Dicen que las campanas de la Catedral me
despertaban y me hacían llorar tanto como
lloré cuando dejé de oírlas, el día que
salí para estas preciosas tierras de
Galicia, tierras demasiado verdes a veces...
añoro el amarillo y la policromía de mi
primavera extremeña.
Escribí mi primer texto a los nueve años.
Más tarde, en el Instituto, me di cuenta de
que sólo podría no ser mediocre escribiendo
y hablando inglés, pero claro, la vida no
era recitar a Shakespere ni narrar
cuentecitos, así que fui bastante mediocre,
delgaducha y sombría.
Un día me casé porque quería histéricamente
a un hombre.
Los sentimientos se me vuelven histéricos
cuando son intensos.
Hoy, tengo a ese hombre, tres hijos,
dos de ellos desordenados, y un tercero,
violinista y algo ordenadito. Y mis nietas,
dos delicias que a veces se tornan salvajes.
Vivo
en Coruña y he ganado algún que otro
premiecillo literario, aunque el mejor
premiecillo es terminar un relato y sentir
que dice cosas que a otros les van a gustar.
Escribir es una pasión, un amor que a veces
llevo en solitario. Casi frustrado, pues sería
insincera si no confesara que me gustaría
trascender. Sí, ser famosa, eso; lo
reconozco, pero no lo consigo.
Me gusta
la música. Casi
toda, pero especialmente la clásica: Ravel,
Bach... Sting,
Supertramp, Maná, Dan Fogelberg, Don
McLean…
Bebo demasiada cerveza
y fumo como un carretero. A veces me da por
pintar todo de amarillo. Tengo un gato que se
llama Gato y tiene dieciséis años.
No
he estudiado ninguna carrera por eso de que
me enamoré histéricamente.
Si
echáis la cuenta, tengo cincuenta y tres años,
pero no los llevo mal...

De repente, Lola se
calla.
Y con ella se calla el Universo
entero, porque su voz es pura música de
palabras...
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