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La pianista de los ojos zarcos |
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Con los
dedos de la mano izquierda se acaricia las ojeras. La pianista tiene
tristeza. Su camisa de tirantes no puede sujetar
Y… de pronto, en el pentagrama, el amor se agita. Y su sonido, en la
inmensidad de un compás de silencio, espanta los miedos. Sigue mirando,
y él, a ella. El miedo ya no esta. No hay nada sagrado en
-¿Quieres que siga?
-Sí.
Nada suelto, nada ni nadie, las miradas cautivas, algo extraño, sin
explicación. Situación absurda. Ella le indica que se aproxime con la
misma mano que antes acariciaba sus ojeras. La otra mano reposa sobre el
teclado entre las últimas notas de la canción.
-¡Bésame, por favor!
Levanta su rostro, cierra los ojos, y los labios entreabiertos ofrecen
frutos de amor. Rostro radiante. Hay lágrimas en sus mejillas. Las
recoge con besos, y va depositando en su boca aquel amargor. El silencio
es total.
Después…
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