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Pequeño Libro de las Mariposas

 

             

 

 

 

 Pequeño Libro

de las Mariposas

 

Por Alix Rosales

 

 

 

El Caminante

       Caminaba por una calle.
        Subitamentamente, sentí algo sobre el ala de mi sombrero. Me detuve para verme en los vidrios de un automóvil estacionado a la orilla de la acera.

        ¡Increíble! ¡Un pájaro en mi sombrero!

        Observando la minúscula ave no soporté la tentación, y lentamente, subí una mano para atraparla;  pero mi mano encontró el vacío.

       Decidí pensar que fue la imaginación, me di media vuelta y proseguí mi camino, volando.

 

A Títulos

 

Serial killer

       ¡No quiero ser tinta sobre papel ni alimento para el olvido...!

       Los críticos aconsejan que un “buen escritor” debe poseer talento al plasmar el tema. No importa su naturaleza, sino el tratamiento que se le da, el instante narrado. Que tenga esa posibilidad de reflejar algo más allá de si mismo, que salte de la hoja y se apropie del lector.

       Desde entonces, salgo todas las noches con mis obras en mano, atrapo lectores desprevenidos en calles oscuras, entre candilejas, bajo amenaza: “Soy Jack el escritor”.

 

     

 

A Títulos

 

Inquietud

       Me encuentro sentada al borde de la cama. Mi corazón agitado casi rompe las paredes de mi pecho, tiemblo.

       Han transcurrido dos noches desde que vi su silueta en la ventana. Presentí que alguien me observaba mientras dormía. Apenas desperté, se desvaneció, no tuve tiempo de captar bien su imagen, pero supongo que no es un ladrón, ni un monstruo con grandes garras, menos un pequeño gnomo. 

       Ahora tengo la certeza: es la bestia soledad y lamento que no se haya metido en mi lecho.

 

A Títulos

 

Cacería

       Todas las noches,  al aproximarse la hora de dormir, preparaba lo necesario para el cometido: tomaba una caja de cartón resistente y la colocaba al lado de su cama, apagaba la luz y acostado se decía optimista:

       —¡ Esta noche lo lograré..!

       Y se quedaba dormido profundamente, sin escenas que lo despertaran sudoroso y espantado, en huída.

        Otras veces, en cambio, pasaba la noche en vela anhelando conciliar el sueño. Entre desvelos, letargos y pesadillas transcurrían sus noches sin lograr la misión que se había propuesto.

      Al final, hastiado, tiró aquella estúpida caja por el balcón; pues comprendió que los sueños y sus monstruos no pueden ser prisioneros.

 

A Títulos

 

Efectos humanos

       Decidí cambiar su arácnica vida, con el pie desnudo me acerqué, la zapatilla en mano;  era mi arma, pero me miró con sus ojos fijamente, como suplicando piedad y luego enrolló su cuerpo minúsculo para protegerse de mis intenciones.

       Me reí.

       Entonces no la maté sino que la domestiqué. La dejaba tejer sus hermosas telas de finísima seda en el borde de mi ventana, mas no le permitía cazar ningún insecto. Llegamos a comunicarnos con la mirada, ella comprendía mi supremacía.

       Un mañana la encontré inerte en su tela, no tejía. Me dije: ¿Está muerta?

      ¡Ahora que finalmente la había domesticado...!

       En ese instante me desperté y...

        ¡Fortuna que soy araña! Sólo estaba soñando con “sentimientos humanos”...

 

 

A Títulos

 

La ventana de enfrente

       Relamía la cucharilla de su café, como era habitual, su mañana se alargaba hasta más allá del mediodía. El sabor dulce contrastaba su pensamiento. Estaba hecha añicos, porque «el adiós» que siempre le decía a las calles y cabarets se transformaban en «hasta luego», cuando en pocos días reanudaba sus servicios.

       Viendo los trastes sucios y amontonados en el fregadero, deseó un baño. Ya desnuda bajo la ducha restregó su cuerpo, repitiendo: «lavar después de usar». De pronto, se sintió observada, se asomó a la ventana para verificar y vociferó:

       —¡Desgraciado, te gusta cucharetear en la vida ajena...! Y le mostraba el dedo medio de la mano con tosquedad.  

       Era un vejete fisgón, su vecino de enfrente. Y un escritor descarado que desde el otro balcón husmeaba en su intimidad para escribir esta historia.

 


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